Argentina, Expertos

Una oportunidad extraordinaria para obtener soberanía energética en Argentina

11 Sep , 2013
Federico Bernal
Tiempo Argentino  

Greenpeace y otras organizaciones ecologistas juntaron 25 mil firmas en Córdoba para dar estado parlamentario a un proyecto de ley que prohíbe la actividad nuclear en la provincia. La iniciativa, elaborada por el FAP y la UCR (cuenta ya con el beneplácito del ex Grupo A, ahora rebautizado el “círculo verde”), se propone interrumpir el programa de extensión de la vida útil de la central Embalse y cerrar la empresa estatal Dioxitek SA, crucial en la fabricación de elementos combustibles para Atucha I y la misma Embalse.

En paralelo, el dúo Solanas-Carrió –en colaboración con agrupaciones de izquierda y algunas comunidades mapuche–, ejecutan un frenético y mentiroso embate ambientalista contra la explotación de los hidrocarburos no convencionales por parte de YPF. El menemismo añejo (Macri-Duhalde) y el aggiornado (Massa), más conocido como “círculo rojo”, con su ejército de “especialistas” pagos a cuestas, hacen lo propio contra la estatal petrolera, el acuerdo con Chevron y la inmensa mayoría de las obras y licitaciones energéticas encaradas por el gobierno nacional. Como director de orquesta, el Grupo Clarín. En la sección Política de su portal, coloca un banner que reza así: “Justicia para Ecuador. Enterate antes de que pase en la Argentina: En la lucha contra Chevron, nuestra arma es la verdad”. El Grupo Prisa, como se sabe, es aliado estratégico del Grupo Clarín. Prisa/El País están íntimamente ligados a los accionistas de Repsol a través de Caixabank, BBV y Sacyr. Se explica, pues, que a la corporación dirigida por Magnetto se le ordene no sólo omitir denunciar los miles de millones de dólares en pasivos medioambientales dejados por Repsol sino también y fundamentalmente, poner toda la carne en el asador para boicotear a YPF, esto es, al Estado argentino y su seguridad económica y energética. Pero lo que no se explica de ninguna manera, es el referido accionar de la oposición política, sobre todo en función de su inflexible argumento de “crisis energética”. ¿Qué pretenden, que nos quedemos sin energía nuclear, sin hidrocarburos, sin represas hidroeléctricas? ¿Acaso son accionistas de Repsol, de Prisa o del Grupo Clarín?

La Argentina necesita reponerse de la debacle petrolera y gasífera provocada por la privatización y desnacionalización del sector hidrocarburífero y eléctrico iniciado en 1976, profundizado entre 1989 y 2002, y cuyas nefastas consecuencias –si bien en franca reversión– se extienden al día de hoy. Los ingentes volúmenes de petróleo y gas no convencionales técnicamente recuperables de Vaca Muerta –asegurados para el bienestar social, una economía autosuficiente, moderna y soberana– constituyen una oportunidad extraordinaria para superar la pesada herencia energética neoliberal y, en el mediano plazo, erigirse en un motor fabuloso para la creación masiva de empleo, la industrialización, la competitividad de nuestra producción rural, industrial y sus respectivas exportaciones, la consolidación de YPF y, por qué no, hasta la creación de una petroquímica estatal. A propósito de todo esto, el caso de los no convencionales y su revolucionario impacto en EE UU.

BOOM DE RESERVAS Y PRODUCCIÓN. Según el último informe de la Agencia de Información de la Energía de EE UU (EIA), la nación norteamericana cuenta con las reservas de shale gas técnicamente recuperables más importantes del mundo (seguida de China y la Argentina) y las segundas en shale oil (debajo de Rusia; Argentina en la cuarta posición detrás de China). La producción doméstica de hidrocarburos registra un máximo desde las últimas dos décadas, consecuencia del boom en la fracturación hidráulica y la perforación horizontal iniciada de forma regular y masiva a partir de 2005. En 2011, el sector petrolero estadounidense sumó la mayor incorporación de petróleo y derivados a sus respectivas reservas probadas desde 1977 (3800 millones de barriles; 15% interanual). Por su parte, la producción de gas pasó de 0,3 TCF en 2000 a 1 TCF en 2006, 4,8 en 2010 y 9,6 en 2012 (40% de la producción total nacional de gas natural). EE UU vive hoy, gracias al shale y al menos desde los últimos tres años, una revolución hidrocarburífera sin precedentes en su historia.

SHALE E IMPACTO SOCIOECONÓMICO. El Instituto del Petróleo de EE UU acaba de publicar la tercera y última parte de un informe privado sumamente interesante, informe en el que detalla el impacto económico que la explotación de los no convencionales tiene y tendrá en dicho país. A continuación, un resumen a nivel: 1) PBI; 2) empleo; y 3) ingresos fiscales.
1) En 2012, los no convencionales (segmentos upstream, midstream, downstream y petroquímica) contribuyeron al PBI nacional con 284 mil millones de dólares (238 mil millones sólo el sector del upstream, esto es, exploración y producción). Los autores calculan que los aportes alcanzarán los 468 mil millones anuales en 2020 y 533 mil millones en 2025; 2) La cadena de los no convencionales, sumada a petroquímica, implicaron 2,1 millones de puestos de trabajo en 2012. Se estima que para 2025, ambos segmentos den trabajo a unos 3,9 millones de personas; y 3) las ganancias gubernamentales superarán los 1,6 billones entre 2012 y 2025, de los cuales 1,4 billones provendrán del upstream.

SHALE E IMPACTO INDUSTRIAL. EE UU está experimentando un fuerte resurgir industrial. El principal motivo: el exponencial crecimiento de la abundancia y el abaratamiento de los recursos energéticos, a su vez consecuencia del boom en las técnicas de extracción no convencionales (pozos horizontales y fracturación hidráulica). Por ejemplo, EE UU sumó 500 mil nuevos empleos industriales desde 2009. Sucede que los industriales estadounidenses están beneficiándose de una fuente de provisión segura y barata de gas natural, sobre todo los sectores de consumo intensivo (petroquímica, aluminio, vidrio, cemento, alimentos, químicos, fertilizantes, etc.). La abundancia de gas natural, asimismo, impacta sobre los precios de las tarifas eléctricas. Para 2015, la combinación entre los bajos precios de la electricidad y del gas (un tercio a los que paga la Unión Europea y un quinto a los que paga Asia), sumados a una mayor actividad aumentarán la producción industrial en un 2,8% interanual.

SHALE, IMPACTO MACRO, POBREZA Y TARIFAS ELÉCTRICAS. La revolución de los no convencionales está generando una mejora substancial tanto a nivel ingresos de decenas de millones de hogares como del comercio general del país. En relación al primer aspecto, el informe concluye que la convergencia entre más hogares con adultos empleados (derivados de la fortísima reactivación industrial), menores precios en las tarifas de gas y electricidad, así como menores precios en productos derivados de las industrias petrolera y petroquímica, todo ello permitió un ahorro en 2012 equivalente a 1200 dólares por hogar. Dado que en EE UU existen unos 120 millones de hogares, el ahorro a nivel nacional fue equivalente a unos 144 mil millones de dólares. Incluso y según un reciente informe de la consultora Mercator Energy, la caída del 61% en el precio del gas entre 2002 y 2012 inyectó a los hogares más humildes cerca de 10 mil millones de dólares el año pasado, superando ampliamente los beneficios reportados a escala nacional por el Programa de Asistencia Energética para Hogares de bajos ingresos (entregó en 2012 subsidios por 3500 millones de dólares a 9 millones de hogares en esta categoría). Por último, el impacto comercial. En primer lugar, el incremento en la producción doméstica de petróleo le permite ya una reducción importante de las importaciones. Al actual ritmo de producción/consumo, se convertirá en exportador neto de gas en 2020. En segundo lugar, la reducción en los costos energéticos, especialmente para electricidad y gas natural, está provocando una mejora global de la competitividad de las industrias de consumo energético intensivo. A partir de 2022 y de ahí en más, los no convencionales aportarán unos 180 mil millones de dólares adicionales por año a la balanza comercial real del país.

EL BOICOT DE LOS CÍRCULOS VERDE Y ROJO. Sería erróneo afirmar que las proyecciones y los resultados verificados en EE UU sean 100% extrapolables a la Argentina. Sin embargo, constituyen un ejemplo más que interesante, una muy rica experiencia de la cual debe aprenderse. ¿Puede la Argentina emular el caso del shale estadounidense y su impacto socioeconómico, industrial, etc.? Mientras el marco regulatorio hidrocarburífero siga evolucionando para priorizar un mercado interno pujante, un sector industrial competitivo y en expansión; mientras tenga como norte el fortalecimiento del Estado, la consolidación de YPF, la soberanía energética y la capitalización del país, muy probablemente sí. ¿Y si los círculos rojo y verde contribuyen a los esfuerzos del gobierno nacional para convertir al shale argentino en un revolucionario programa de desarrollo, empleo masivo, industrialización, incremento de la competitividad nacional, disminución de la emisión de gases de efecto invernadero? ¿Y si rompen con los intereses corporativistas contrarios a la consolidación de nuestra querida YPF? Es más, si el ciclo K termina definitivamente en 2015, como aventuran, entonces preguntamos: ¿a qué le temen? No existe, al menos al día de hoy, un programa de desarrollo socioeconómico e industrial a escala nacional más esperanzador que Vaca Muerta. Las lecciones que deja EE UU son muchas, lecciones que deberán ser analizadas en función de nuestras propias particularidades e historia: YPF como actor mayoritario en las formaciones geológicas del país, YPF como garante del autoabastecimiento energético del país y exportador clave de gas a nivel eje Sur-Sur, una petroquímica estatal, etc. Como sea, el futuro cercano es altamente promisorio para el pueblo argentino.


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