Mundo

“The Times” cuestiona argumentos
de ambientalistas ‘antifracking’

15 Oct , 2013  

Menos mal que Owen Paterson ocupa el cargo de Secretario de Medio Ambiente en lugar de ser el responsable del Ministerio de Asuntos de Exteriores y Comunidad. Él ha condenado las actividades de grupos ambientalistas que se oponen a los cultivos genéticamente modificados en África y Asia, considerándolos “absolutamente maléficos”.

Las observaciones del Sr. Paterson también pueden provocar indignación, pero son justificadas y su análisis es agudo. De todas sus buenas intenciones, las organizaciones no gubernamentales como Greenpeace y Amigos de la Tierra pueden poner en peligro el bienestar de las personas en los países en vías de desarrollo y el medio ambiente a través de su propio dogmatismo.

La misma tendencia se está trabajando en los desafíos legales de Greenpeace, que iniciaron ayer, a la exploración de shale gas en el Reino Unido. Greenpeace insta a los propietarios a utilizar las leyes de allanamiento para evitar la perforación horizontal necesaria para la técnica conocida como estimulación hidráulica o ‘fracking’.

Los debates sobre las políticas del gobierno en agricultura y energía están en lo cierto y son inevitables. Sin embargo, deben basarse en pruebas. Las campañas de los grupos ambientales, se basan, en su lugar, en una hostilidad oscurantista de la ciencia misma. Sr. Paterson está en lo correcto al llamarlo por lo que es.

Los grupos ecologistas sostienen que el ‘fracking’ puede causar terremotos pequeños y que los productos químicos que se utilizan son tóxicos y pueden contaminar las aguas subterráneas.

En la práctica, cualquier actividad sísmica que se ha producido por el auge del ‘fracking’ en los Estados Unidos ha sido insignificante – de hecho no observables por cualquier persona, excepto los geólogos. La contaminación del suministro de agua no es estrictamente imposible, en el sentido de que la ciencia no descarta absolutamente cualquier escenario que cumpla con las condiciones de la lógica.

Sin embargo, no hay evidencia de que se haya producido tal escenario. Para emitir estas advertencias sin evidencia, ni siquiera una explicación plausible por la que podría ocurrir, es irresponsable. No forma parte del debate científico: es superstición infundada. Los beneficios del ‘fracking’ como la limitación del impacto ambiental de la exploración energética y la diversificación de la matriz energética de Gran Bretaña, son enormes.

La modificación genética tiene el potencial de proporcionar enormes beneficios en los países en desarrollo. El aumento de los cultivos que puedan resistir los virus y plagas, y tolerar condiciones de mucho calor, solución salina y otras regiones inadecuadas puede salvar vidas.

Los cultivos transgénicos no son más “naturales” que las milenarias prácticas de la crianza de los cultivos convencionales. Mejoran las condiciones de los seres humanos en el mundo y promueven el bienestar de los más pobres. No hay evidencia de que los cultivos transgénicos contaminen otras plantas.

En este contexto, es vital que el tono del mensaje de Paterson, sea directo como lo es. No se trata de debates sobre asuntos esotéricos o triviales. Las actividades de los grupos “tendrán consecuencias, habrás más hambre y empobrecimiento”.

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Argentina, Expertos

Debate sobre el ‘Fracking’: Desarrollo
económico vs. antidesarrollo sustentable

30 Sep , 2013
Alejandro Fiorito - Economista, docente de la UNLu  

Desde los años ’70, el discurso ético y políticamente correcto de la ecología recorre el mundo. Su línea de largada fue el informe realizado por un grupo de científicos, políticos y empresarios a instancias del Club de Roma, en el que se anunciaba una gradual debacle humana en el lapso de cien años. Se concluía allí que el nivel de recursos remanentes del planeta era incompatibles con el crecimiento económico mundial. El modelo presentado no consideraba, por ejemplo, la posibilidad futura de saltos tecnológicos. Tampoco la enorme capacidad adaptativa de la sociedad humana. El debate resultante posterior configuró un verdadero decálogo del antidesarrollismo para los países periféricos. No sorprende por ello la rápida acusación de “economicismo” a todo el que hable de crecimiento económico, aun en una discusión que tiene como centro evitar la restricción estructural de divisas de un país, una de las condiciones necesarias para el desarrollo.

En el peculiar universo ecologista se argumentan escenarios futuros de catástrofes hollywoodenses, se reproduce con nostalgia la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor” y se exaltan las civilizaciones antiguas como poseedoras de saberes ambientales inmanentes. Figuras públicas, académicos y ONG reproducen un sentido común de ser “ciudadanos del mundo”. Pero tan noble preocupación por el planeta suele no ser retribuida cuando una crisis económica jaquea al espacio nacional en el que viven. El ecologismo parece habitar un mundo donde no existe la cuestión nacional, donde no hay Estados en competencia.

Esta ideología es rescatada tanto por la izquierda (para la que los límites de la naturaleza parecen haber reemplazado en el relato de la barbarie capitalista al embate revolucionario de los trabajadores) como por la derecha (a través del paradigma neoliberal de la escasez). Desde allí se exageran, sin pruebas científicas definitivas o sin datos específicos, los perjuicios que ocasionaría el crecimiento económico nacional, al que se prefiere sacrificar en beneficio tácito de los países centrales ya desarrollados. Paradójicamente, es la pobreza por no desarrollo la que representa el peor riesgo contaminante del ambiente.

En el caso de la explotación de hidrocarburos por medio de la tecnología del fracking, no se dice que su riesgo ambiental es similar al de un pozo convencional. En formaciones como Vaca Muerta o Los Molles, en la provincia de Neuquén, la roca madre sobre la que se provocarán las fracturas masivas cuando lleguen las inversiones se encuentran a profundidades de entre 2000 y 3000 metros y en capas de entre 100 y 300 metros de espesor. Nunca se detalla, por ejemplo, que los acuíferos a más de 1000 metros no son potables por su altísima salinidad, de hasta diez veces el promedio marino. Por lo general, los pozos de agua dulce no superan los 100 metros. En consecuencia, no es factible conectar por fracking los dos niveles subterráneos y contaminar el agua, más si se considera que las fracturas hidráulicas alcanzan alrededor de 50 metros.

Seguramente la económica no es la única perspectiva para la compleja relación entre desarrollo económico y tecnologías aplicadas. Pero cualquiera sea el plano de análisis, debería existir alguna recomendación, un curso de acción preciso para solucionar el problema específico. Sin embargo, es sintomático que ante la falta de ideas claras para el desarrollo se apele a cualquier argumento sin que aparezca ninguna alternativa. Por ejemplo, se proponen opciones tecnológicas “no neutrales” que muestren lo complejo del tema acometido, dando un curso de acción hacia una discusión “sin incongruencias epistemológicas” y “hacia un sistema de organización política, social y económica diferente”. La tarea, por supuesto, escapa a cualquier cronograma gubernamental.

Tampoco queda claro cuáles serían esas opciones económicas, sociales y políticas de un sistema de organización diferente, literalmente ideal. En la economía capitalista (hoy sin rupturas y tendencias observables a formaciones socialistas) existen procesos de histéresis tecnológica, es decir, de continuidad y complementariedad de la estructura productiva en el tiempo. Son los Estados los que al impulsar el desarrollo modifican las condiciones productivas, aunque no por ello sin ninguna estimación de costo ambiental. En la tarea deben considerar la base tecnológica real sobre la que se asienta su economía junto a los costos de oportunidad de las modificaciones técnicas a incorporar. Una visión pro desarrollo está obligada a pararse en la realidad efectiva desde el Estado nacional de acuerdo con parámetros internacionales de menor contaminación relativa, dadas las tecnologías a emplear y los costos de oportunidad. ¿No crecer es una alternativa? Sería bueno que los ecologistas lo digan claramente. También deberían ser más claros respecto de a qué se refieren cuando demandan una tecnología “no colonial”. Parece difícil operar coyunturalmente con recomendaciones tan genéricas.

Creer en “otros mundos” no produce daño alguno, siempre que el creyente se fije atentamente en la vida… y ésta, en sociedades tecnológicas y de hábitos, es regulada normalmente por la persistencia y complementariedad de los procesos. Y el capitalismo sigue siendo el que era: una creación estatal de disputa sin tregua y que no da muchas opciones para los más débiles. La ecología como discurso “ético” es otro campo de batalla interestatal en contra del desarrollo periférico

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