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Según experto de Harvard, el ‘Fracking’ podría ayudar contra el cambio climático

9 Oct , 2013
Carmen Nobel
Forbes  

Si le preguntas a cualquier ecologista que identifique la mayor amenaza para el planeta, su respuesta será el cambio climático producido por el hombre, el consumismo o la superpoblación. Pero si le preguntas a Joseph B. Lassiter de la Harvard Business School, responderá otra cosa: “la miopía de un solo tema”.

Primero, tenemos el tan discutido tema de la miopía temporal – la tendencia humana de centrarse en las preocupaciones de hoy en día sin tener en cuenta cómo nuestras acciones afectarán en el futuro. Pero también existe la miopía ideológica – la incapacidad de darse cuenta de que comprometer un poco es mejor que quedarse atrapado en el camino actual.

El senador John Heinz, Profesor de Prácticas de Gestión en Gestión Ambiental, ha pasado varios años estudiando la intersección entre la financiación empresarial y el medio ambiente. Él, recientemente se sentó con la Harvard Business School Working Knowledge para discutir los retos fundamentales de la lucha contra las emisiones de dióxido de carbono en un entorno miope e ideológicamente polarizado.

En su opinión, tanto en Europa como en los Estados Unidos, los esfuerzos del gobierno para regular las emisiones de carbon han sido costosos e ineficaces hasta ahora, un resultado frecuente asegurado por la politiquería extrema del legado energético, el transporte, la agricultura y lobistas ambientales.

“Es hora de que políticos, reguladores, y votantes den a los mercados – y a las señales de precios que ellos envían a productores, consumidores, y empresarios – una oportunidad de hacer algo que sea significativo para el medio ambiente y económicamente sustentable”, dice.

Propuesta de Lassiter basada en el mercado

El gas natural, el viento, la energía nuclear, la energía solar, etc – tendrían que tener un mercado de precios basado no sólo en los costos de producción, pero también, en parte, en sus costos públicos únicos reflejados por los impuestos de ingresos neutros: un impuesto sobre las emisiones de carbono, un impuesto sobre la seguridad de suministro, un impuesto sobre seguros contra catástrofes, e incluso una reducción del impuesto sobre las emisiones locales.

Mientras que la gente odia la idea de pagar más impuestos, estamos en verdad pagando gran parte de estos ‘impuestos’ hoy. Desafortunadamente, el proceso político permite que estos impuestos-o subsidios-sean ocultados en las normas, reglamentos y decisiones de política exterior.

“Los precios de mercado resultantes de la energía deben ser aplicadas en el comercio internacional con aranceles fronterizos”, continúa Lassiter. “Y debemos dejar que los mercados trabajen para nosotros. Creo que los mercados van a hacer un trabajo más rápido y más barato para atacar nuestros problemas energéticos y ambientales que tener a políticos y reguladores tratando de resolverlos mediante la selección de las tecnologías o la redacción de normas y reglamentaciones complejas que simplemente ocultan los costos de los consumidores y productores por igual. La probabilidad de que lo que acabo de decir vaya a ocurrir es extremadamente pequeña. Pero yo soy un hombre viejo, por lo que debo seguir haciendo hincapié en soluciones completamente obvias”.

Como a mucha gente, a Lassiter le preocupa que las emisiones masivas producidas por el carbón y por el transporte representen un peligro considerable para la humanidad a través de los efectos del cambio climático acelerado. Inusualmente, es más optimista sobre la energía nuclear y el fracturamiento hidráulico, o “fracking”, de lo que es sobre la energía solar o eólica para abordar el problema mundial de las emisiones de carbono. No es que tenga nada en contra de las energías renovables. Es que no ha visto evidencia de que las fuentes de energía renovables se vuelvan baratas, lo suficientemente rápido como para reducir las emisiones globales de carbono, en particular la de las centrales eléctricas en China y la India.

“Los chinos y los hindúes limpiarán los problemas que tienen con la contaminación local – partículas y emisiones de sulfuro – provenientes de las plantas de carbón, pero estas emisiones son un tema totalmente diferente. Para tener un impacto dramático en las emisiones de carbón, es necesario encontrar algo que sea mejor que una planta tradicional de carbón en los países de economía de energía sencillas, y eso es muy, muy difícil de hacer “, dice.

El caso de combatir el carbón con energía nuclear y fracking

Dado que la electricidad mejora la calidad de vida de las personas en todo el mundo, a Lassiter le preocupa  que los intentos por destruir la energía nuclear y al fracking solo harán que haya más plantas de carbón en el mundo.  “Cuando se trata de las emisiones de carbono, casi cualquier cosa es mejor que una central térmica de carbón tradicional”, dice.

Lassiter argumenta que el mundo permitió a la energía nuclear convertirse virtualmente en “tecnología huérfana”, a pesar de su potencial para contrarrestar los problemas ocasionados por las emisiones de carbón.

Y a pesar de las recientes preocupaciones sobre la tragedia en la planta de Fukushima en Japón, sostiene que la energía nuclear “es una tecnología escalable que cuenta con un amplio margen de mejora tecnológica, mejora de la seguridad, resistencia a la proliferación, rediseño de las normas, y, sí, la reducción de costos.”

¿Y qué es lo que estamos por hacer con el problema de los residuos radiactivos, un bioproducto de la energía nuclear? Lassiter apunta contra tres  jóvenes empresas – Martingale, Inc., of Tavernier, Florida, Transatomic Power of Cambridge, Massachusetts, and TerraPower of Bellevue, Washington. Cada una de estas compañías está trabajando en nuevos diseños de reactores nucleares que puedan funcionar con combustibles elaborados a partir de desechos radiactivos, como el torio (un producto de desecho de la minería de tierras raras) y uranio empobrecido (el residuo que queda en barras de combustible nuclear). En otras palabras, estos nuevos diseños nucleares en realidad podrían consumir y ser alimentados por los materiales que en gran medida son considerados residuos radiactivos.

“El mundo probablemente tiene suficiente combustible nuclear gastado por ahí para reactores de energía durante cientos de años y existe, literalmente, cuatro veces la cantidad de torio en el planeta como el uranio”, dice Lassiter.

La construcción de un prototipo de cualquiera de estos nuevos diseños nucleares puede tomar de 5 a 10 años y cuestan más de US $ 1 mil millones, lo que sugiere que están en peligro de caer en la financiación denominada “valle de la muerte”, la etapa entre la investigación de un producto y salir al mercado con él. Aún así, TerraPower ha recibido múltiples rondas de financiación y su presidente, Bill Gates, es la persona más rica del mundo. (El año pasado, Lassiter fue coautor de un caso de negocios sobre los problemas de financiación de TerraPower, junto con colegas de HBS, William A. Sahlman y Ramana Nanda y James McQuade [HBS MBA 2011].)

“¿Cómo sería nuestro mundo si pudiéramos tener niveles de electricidad norteamericanos a precios asequibles para todos los habitantes del planeta durante 1.000 años?”, Dice Lassiter. “Deberíamos estar trabajando en la energía nuclear como si no hubiera un mañana. Tenemos que insistir en que los gobiernos del mundo permitan y animen a los empresarios a seguir en la energía nuclear tanto con pruebas rigurosas y urgencia real. Y tenemos que recordar siempre que si nuevas centrales nucleares o cualquier otra alternativa de energía no coincide con el carbón en el precio, no va a hacer mucho para resolver el problema mundial de las emisiones de carbono”.

Lassiter también apoya al shale gas, producido por el fracking. A él le gusta porque a los mercados les gusta. El boom del shale gas en los Estados Unidos ha reducido los costos del gas natural. El mercado global de gas no convencional, valuado en $93.95 mil millones en 2012, se espera que alcance $ 126,93 mil millones en 2019, según un reciente reporte denominado Transparency Market Research. Se espera que la cuota de mercado del carbón disminuya en consecuencia.

“El shale gas ha generado una tonelada de grandes empresas, y la diferencia de costes de la ‘energía limpia’ contra el carbón se ha reducido a causa del shale gas”, dijo Lassiter. “Mucha gente dice, ‘pero no, eso no es energía limpia’. Bueno, yo digo que si una planta de gas tiene menos emisiones que una planta tradicional de carbón, es al menos una energía más limpia, y nos consigue más tiempo para encontrar  una alternativa a las emisiones de carbono”.

La combustión del carbón emite casi el doble de dióxido de carbono por unidad de energía que el gas natural, mientras que la combustión de petróleo está cayendo entre los dos, según la Administración de Información de Energía (EIA). Pero el fracking viene con sus propios riesgos ambientales, uno de ellos son las aguas residuales. Una vez más, Lassiter apunta a una solución basada en el mercado: Select Energy Services en Houston es una de las tantas empresas que ponen su atención hacia la gestión del agua. Se espera que el mercado de tratamiento de aguas del fracking crezca por nueve a $ 9 mil millones en 2020, frente a un aumento cercano a  mil millones de dólares en 2012, según el informe de investigación Lux publicado el año pasado.

Las emisiones de carbono están actuando a nivel mundial, ¿por qué no?

Lassiter también advierte sobre los la miopía geográfica  – descontando cómo las acciones o inacciones locales afectarán a todo el mundo. En sus conferencias, a menudo incorpora una diapositiva de Robert Hargraves, un instructor de la política energética en el Dartmouth College, que pronostica un escenario hipotético, pero sorprendente para el consumo de electricidad del mundo.

“Incluso si fuéramos capaces de cortar a la mitad el consumo de electricidad de los EEUU per cápita para el 2050 y el resto del mundo sólo se elevó a ese nivel hipotético de. el consumo per cápita norteamericano en 2050, el mundo tendrá un enorme crecimiento en el uso de electricidad y con ello un aumento de las emisiones de carbono asociadas “, dice Lassiter. “Así que, a menos que lo logremos un impacto significativo en las emisiones de carbono, sobre todo en China y la India, nada de lo que hagamos en los Estados Unidos importa mucho. Para hacer eso, el mundo necesita mostrarles una alternativa para la electricidad que derrote al carbón en el precio”.

Algo irónico, Lassiter reconoce que la amenaza del cambio climático puede ser exagerada para algunos, ya que él piensa que probablemente suceda lo suficientemente lento permitiendo a los más ricos adaptarse con éxito. Pero ese no es el caso para los países de África subsahariana como Sudán, que ha estado en la crisis ecológica desde hace años. (El Secretario General de ONU Ban Ki-moon, se encuentra entre los que han citado el cambio climático como culpable de incitar al conflicto de Darfur).

“Casi siempre, la gente adinerada encuentra una manera de salvarse, y es la gente pobre la que sufre”, dice. “En mi opinión, hay algunas cuestiones éticas allí de las que cada uno de nosotros debe preocuparse, y hoy cada uno de nosotros estamos tomando una decisión de facto sobre nuestra inacción colectiva. Pero incluso las personas más adineradas deben hacer un momento de reflexión. Si los riesgos más altos del cambio climático se materializan, no sabemos qué es lo que va a pasar. Hay un riesgo material de que todos vamos a entrar en un mundo en el que nadie sabe las consecuencias de nuestro suministro de alimentos, nuestras ciudades, o nuestra sociedad. Con cada kilo de CO2 emitido, se pasa un pedazo de ese riesgo incalculable a nuestros hijos todos los días“.

La autora es editora senior de la Harvard Business School Working Knowledge.


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