Argentina, Expertos

‘Fracking’: La discusión debe contemplar las mejoras tecnológicas certificadas

23 Sep , 2013
Federico Bernal (Director del CLICET)
Tiempo Argentino  

El eje del debate científico se centra en comprobar si el metano liberado durante el proceso de perforación, terminación y producción de pozos de shale gas es mayor, menor o igual al liberado durante la extracción de gas de yacimientos convencionales, y si los volúmenes de gas liberados a la atmósfera son superiores a los liberados por la combustión del carbón en la generación de energía eléctrica.

Grupos ecologistas estadounidenses contrarios a la explotación de hidrocarburos no convencionales afirman que la extracción de gas natural entrampado en formaciones de esquisto (shale gas) libera gas metano de forma descontrolada y con consecuencias catastróficas para el medioambiente. La imputación, reforzada por un estudio científico publicado en 2011 por la Universidad de Cornell –sumado a otros dos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (EE UU) y de la Universidad de Colorado– se propagó por el mundo como verdad irrefutable. Ciudadanía, periodistas y políticos en general compraron la imputación en todas partes y sin el menor resquicio de dudas o sospechas, con el agravante de ignorar hasta las mismas incógnitas y limitaciones comunicadas por los autores de los trabajos aludidos.

En la Argentina –entre las primeras naciones del planeta con mayor potencial en hidrocarburos provenientes de formaciones geológicas no convencionales–, la pobrísima argumentación esgrimida por supuestos ecologistas (y supuestos políticos proecologistas) contrarios a la técnica de la fracturación hidráulica está generando mucho daño a la sociedad.

Poco o nada les preocupa respaldarse en trabajos científicos ya publicados, y mucho menos promover nuevos en función de las particularidades ambientales y geológicas propias del país. La discusión en torno al metano y su vinculación con la extracción de gas natural está muy lejos de concluida. Con la intención de contribuir a un debate que esté a la altura del desafío, la potencialidad de nuestros recursos shale y la YPF renacionalizada, vaya el siguiente aporte.

Gas natural, metano y efecto invernadero
El gas metano es el componente principal del gas natural. Existen muchas fuentes de emisión de metano, algunas naturales y otras inducidas por el hombre. La extracción de hidrocarburos de formaciones geológicas convencionales y no convencionales libera metano a la atmósfera, además de dióxido de carbono (sobre todo, producto de la combustión de maquinaria y equipos). Ambos gases, especialmente el primero, son poderosos agentes de efecto invernadero. Durante la fracturación hidráulica, materiales como agua, arena y aditivos son inyectados a grandes presiones en formaciones de baja permeabilidad en pozos verticales y horizontales previamente perforados.

La inyección del fluido genera canales en la roca que desentrampan el gas y petróleo de esas formaciones (shale, granito, tight, etc.), permitiendo que el líquido, el metano y otros gases allí alojados retornen hacia la superficie a través del pozo, una vez iniciadas las fases de flowback (limpieza del líquido y la arena inyectada), seguidas de la de producción (extracción propiamente dicha).

Ejes del debate científico
EE UU está a la vanguardia de la producción gasífera mundial proveniente de formaciones shale, con un 40% de participación sobre el total nacional, porcentaje que la EIA estima, crecerá a más del 50% para 2040 (Annual Energy Outlook, 1/13/13).

En este país, el eje del debate científico se centra actualmente en comprobar, por un lado, si el metano liberado durante el proceso de perforación, terminación y producción de pozos de shale gas es mayor, menor o igual al liberado durante la extracción de gas de yacimientos convencionales y, por el otro, si los volúmenes de gas liberados a la atmósfera son superiores a los liberados por la combustión del carbón (en la generación de energía eléctrica).

Las diferentes visiones en pugna coinciden en señalar que una pérdida superior al 2% de gas natural sobre el total producido (liberado directamente a la atmósfera a lo largo de toda la cadena gasífera) convierte al gas natural en un combustible más contaminante que el carbón mineral, el fuel oil, gasoil, etcétera. Repasemos los enfoques: 1) la Agencia de Protección Ambiental de EE UU (EPA) determinó en un 1,6% la pérdida de gas ligada a la producción gasífera total en aquel país (aclarando la propia limitación de basarse en datos de comienzos de los noventa); 2) los activistas “antifracking” y su estudio de la Universidad de Cornell (Robert Howarth, 2011) calcularon las emisiones fugitivas totales de gas entre el 3,6 y el 7,9% durante la vida de un pozo promedio; 3) la industria petrolera, que reconoce un nivel de pérdida máximo de 1,6 por ciento; y 4) la célebre organización ecologista estadounidense Fundación para la Defensa Medioambiental (más de 700.000 miembros) y su más reciente y revelador hallazgo, hallazgo que ahora pasamos a describir.

Ecología “profracking”
Ante la disparidad de resultados, la Fundación para la Defensa Medioambiental (EDF, en inglés) se propuso en 2012 comenzar una serie de 16 estudios científicos –coordinadamente con 90 universidades y con la participación de la industria– para precisar el porcentaje de liberación de metano a lo largo de toda la cadena gasífera (desde el pozo hasta las plantas de distribución y hogares). Pues bien, el pasado 16 de septiembre se conoció el primer resultado. La investigación (Allen y colaboradores) fue publicada por la prestigiosa revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (EE UU). En este caso, participó junto con la EDF la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Texas (UT). Primer elemento clave: se analizaron exclusivamente pozos gasíferos aplicados a formaciones no convencionales de tipo esquisto (shale). Se cubrieron 190 yacimientos a lo largo y ancho de EE UU, de los cuales 150 eran productivos, con un total de 489 pozos, todos con fractura hidráulica. Segundo elemento clave: la EDF recopiló las mediciones in situ, es decir, pudo recopilar datos reales del campo y no desde modelos matemáticos o proyecciones abstractas (principal crítica al estudio de Cornell, EPA de 2011 ídem).

Hallazgos y conclusiones
Principal hallazgo del EDF: la mayoría de las operaciones de perforación/fracturación contaban con equipamiento que permitió reducir la liberación de metano en un 99 por ciento. Como consecuencia de esta tecnología, las emisiones de metano de pozos productivos desde el inicio de la perforación hasta la terminación (incluyendo, obviamente, la fracturación) fueron un 97% menores que las encontradas en 2011, según publicó EPA en abril de 2013.

En otras palabras, si la liberación de gas no deseada se redujo en un 99%, significa que las últimas estimaciones de la EPA de 1,6% podrían reducirse a menos del 1%, convirtiendo de esta suerte al gas proveniente de formaciones shale en una actividad extractiva de baja contaminación. Asimismo, estos resultados, en línea con las reducciones que la EPA atribuyó a las pérdidas de gas (2,4 a 1,6% entre 2010 y 2011), demuestran el impacto altamente significativo de las mejoras tecnológicas aplicadas por parte de ciertas compañías a la captura y/o control de pérdidas de metano. Esto a su vez conducirá a optimizar los marcos regulatorios por parte de las autoridades estaduales y federales competentes, advertidas ahora que una reducción drástica de la contaminación por emisión de gases de efecto invernadero es absolutamente posible de lograr. En fin, y extrapolado a la Argentina, importantísimos hallazgos para Vaca Muerta e YPF. Importantísimos también para pensar a nuestro shale gas como el más veloz y eficaz sustituto de combustibles más contaminantes. Y flor de lección para los supuestos ecologistas argentinos contrarios al “fracking”, sobre todo después de que el autor del trabajo “antifracking” por excelencia (Robert Howarth de la Cornell) dijera a la Associated Press que el trabajo de la EDF son “buenas noticias” (AP, 16/9/13).

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