Preguntas frecuentes sobre la Estimulación Hidráulica


¿Qué es el shale?


El “shale”, también conocido como roca de esquisto, de lutitas o de pizarra, se trata de un tipo de hidrocarburo que si encuentra atrapado dentro de bloques de rocas sedimentarias formadas a partir de materiales orgánicos.

Por estar “enquistado”, la industria desarrolló una técnica “no convencional” para poder liberar su potencial: La estimulación o fractura hidráulica. Estas nuevas tecnologías de extracción de shale gas y shale oil consisten en el aprovechamiento de perforaciones horizontales junto con una mezcla de agua, arena de cuarzo y químicos que causan fracturas y permiten salida del recurso.

Un informe de la Energy Information Administration (EIA) señala que las reservas de shale gas de Argentina técnicamente recuperables mediante la estimulación hidráulica ascienden a 27.000 millones de barriles de petróleo, mientras que las de gas alcanzan los 22.710 billones de metros cúbicos. Estas cifras posicionan al país segundo a nivel mundial detrás de China y por delante de Argelia y Estados Unidos.

Con respecto al shale oil, los cinco primeros puestos son ocupados por Rusia, Estados Unidos, China, Argentina y Libia.

Entre las cuencas destacadas, la EIA identifica a la Cuenca Neuquina, sede de los yacimientos de Vaca Muerta y Los Molles, con una producción diaria de entre 180 y 600 barriles. También se identifican otras tres cuencas de importancia: Golfo San Jorge (norte de la provincia de Santa Cruz y sur de Chubut); la Austral-Magallánica (Santa Cruz y Tierra del Fuego); y la Cuenca de Paraná, que se extiende desde el sur de Brasil e incluye las provincias de la Mesopotamia hasta Córdoba y Santa Fe.

¿La estimulación hidráulica puede afectar los acuíferos de agua potable?

Cada vez que se perfora un pozo para cualquier actividad se atraviesan, si los hubiera, los acuíferos cercanos a la superficie. Esta agua subterránea se protege durante la perforación por medio de una combinación de un encamisado de acero protector y cemento, lo cual constituye una práctica muy consolidada.

Una vez terminado el encamisado y fraguado el cemento, se corren por dentro de la tubería unos perfiles que permiten visualizar si hay alguna falla de hermeticidad en el pozo. De haberla, es reparada. Solo una vez que se ha comprobado fehacientemente la hermeticidad de la cañería (encamisado) se procede a realizar el resto de los trabajos en el pozo, entre ellos la continuación de la perforación a las profundidades en las que se encuentran los hidrocarburos. Luego de alcanzada dicha profundidad, se vuelve a entubar y cementar el pozo.

Finalizado el entubamiento y nuevamente comprobada la hermeticidad del pozo respecto de sus paredes, se procede a inyectar agua y arena a presión; es decir, a la estimulación hidráulica. Las muy raras excepciones en las que el agua subterránea se vio afectada fueron debido a instalaciones defectuosas del encamisado protector, no a las fisuras en la roca generadora producidas por la estimulación hidráulica. Estas situaciones se resolvieron de inmediato, sin ningún impacto significativo.

En cuanto a las fisuras que produce la estimulación hidráulica, en la Argentina, la mayoría de las rocas generadoras de hidrocarburos se encuentra a no menos de 2.500 metros bajo la superficie. Los acuíferos para agua de uso doméstico por lo general se encuentran a menos de 300 metros por debajo de la superficie, separados de las formaciones generadoras de hidrocarburos por numerosas formaciones impermeables.

No existe ningún trayecto físico entre las formaciones de esquistos y los acuíferos. Por lo tanto, la posibilidad de contacto es casi imposible. De manera que la inyección de agua a alta presión no produce contaminación de acuíferos de agua potable.

Vale tener en cuenta que en el mundo, durante el último siglo, se perforaron de manera segura millones de pozos que atravesaron acuíferos, sin inconvenientes significativos. En nuestro país se llevan perforados más de 65.000 pozos sin que se haya registrado contaminación de acuíferos.

esquema pozo

¿La estimulación hidráulica requiere de grandes cantidades de agua?

La producción de hidrocarburos no convencionales requiere del uso de importantes cantidades de agua, comparado con el sistema tradicional o convencional. Sin embargo, es significativamente menor respecto de las cantidades requeridas para la generación de energía a partir de otras fuentes o de las utilizadas por otras ramas de la industria y el agro.

La estimulación hidráulica de un pozo de hidrocarburos de esquisto, por ejemplo, suele demandar entre 10.000m3 y 30.000 m3 de agua, dependiendo de la geología específica y de los requerimientos de dicha estimulación.

Esta cantidad se utiliza por pozo, en general, por única vez en la historia de cada pozo. El abastecimiento de agua para esta actividad, además, está estrictamente regulado por las autoridades provinciales.

En Neuquén, por ejemplo, sólo se puede utilizar agua para estimulación hidráulica de hidrocarburos de reservorios no convencionales, de cursos superficiales (ríos y lagos) y está prohibido el abastecimiento mediante acuíferos subterráneos de agua dulce. Una situación similar se produce en Chubut.

A modo de ejemplo, se calcula que la explotación intensiva y en plenitud de la Formación Vaca Muerta, que contiene el mayor potencial de gas y petróleo de esquisto, requeriría de menos del 1% del recurso hídrico de Neuquén, frente a un 5% que requiere la población, la industria y el agro de la provincia, y al 94%, que desagua en el mar.

¿Es cierto que los fluidos utilizados en la estimulación hidráulica contienen cientos de químicos peligrosos que no se dan a conocer al público?

Los fluidos de estimulación hidráulica, por lo general, están compuestos por un 99,5% de agua y arena, y un 0,5% de productos químicos.

En el caso de la estimulación hidráulica para extraer hidrocarburos de reservorios no convencionales, el fluido contiene entre 3 y 12 aditivos, dependiendo de las características del agua y de la formación que se fractura.

Se trata de inhibidores de crecimiento bacteriano (impiden que proliferen las bacterias dentro del pozo); gelificantes (permiten que el fluido adquiera consistencia de gel); y reductores de fricción (para que el fluido fluya más eficientemente por dentro del pozo), entre otros.

La mayoría de dichos aditivos está presente en aplicaciones comerciales y hogareñas, en general, en concentraciones varias veces más elevadas que en los fluidos de estimulación. Algunos de ellos pueden resultar tóxicos utilizados en altas concentraciones o ante exposiciones prolongadas.

La información sobre los aditivos químicos que se utilizan en los fluidos de estimulación hidráulica no es secreta ni reservada y se encuentra a disposición de las autoridades de aplicación y regulatorias.

¿La estimulación hidráulica puede producir terremotos?

Con sensores adecuados, es posible medir las vibraciones que genera la estimulación hidráulica. Estas vibraciones son unas 100.000 veces menores que los niveles perceptibles por los seres humanos y mucho menores aún que las que podrían producir algún daño. En 2011, por ejemplo, se completaron más de 250.000 etapas de estimulación hidráulica en el mundo sin que se informaran eventos sísmicos significativos. A la fecha, y pese a los numerosos estudios científicos, no se probó ninguna vinculación entre eventos sísmicos potencialmente peligrosos o dañinos y proyectos de gas o petróleo de esquisto.

¿Son perjudiciales para el Medio Ambiente las aguas residuales que se generan por la explotación de recursos no convencionales?

Al finalizar la operación, la porción del fluido de estimulación hidráulica que retorna a la superficie es tratada. Luego, es posible utilizar el agua en recuperación secundaria de hidrocarburos convencionales, en nuevas estimulaciones hidráulicas o puede ser inyectada en pozos sumideros, a las profundidades necesarias para asegurar su confinamiento, y siempre según las regulaciones vigentes. Por lo tanto, no existe daño para el medio ambiente.


Fuente: IAPG 

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