Argentina, Expertos

Especialistas desmienten la posibilidad de sismos por la fractura hidraúlica

3 Oct , 2013
Docentes de la UNC
Río Negro  

En una nota publicada en diario Río Negro, Maristella Svampa y Enrique Viale pretenden demostrar como tendenciosas las conclusiones aparecidas en el artículo Las Heras: el terremoto que no existió“. Aquí se señalaba que un sismo ocurrido el 22 de julio en Santa Cruz, con una intensidad de 5,4 Richter y foco a 21 km de profundidad, en realidad no había ocurrido nunca.

Basamos esta aserción en que el propio Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) confirmara que el evento de Las Heras no era otra cosa que un falso episodio. En este sentido, ratificamos lo señalado oportunamente en el correo electrónico que nos remitieran desde el USGS en respuesta a una consulta realizada el 2 de septiembre.

Allí claramente se sostuvo que “el sismo al que usted hace referencia no está listado en el archivo de eventos sísmicos”. Más adelante, en otro correo del 4 de septiembre, nos informaron que “el sismo fue un falso y automáticamente generado evento que fue enviado a nuestras páginas por error“. Creemos que con estos antecedentes el tema Las Heras no da para más. Su persistencia, en todo caso, como ejemplo de las calamidades que pueden llegar a venir de la mano del fracking, sólo pueden achacarse a esta altura a la ignorancia o a la malicia.

Sin bien es saludable que Svampa y Viale pretendan desentenderse de aquellas opiniones que sostienen todavía el bluff Las Heras, más adelante en el desarrollo de su artículo caen una y otra vez en el error y en la confusión respecto de la sismicidad inducida. Veamos. La fractura hidráulica es una técnica específica para la estimulación de ciertos reservorios de petróleo y gas, a fin de hacerlos comercialmente productivos.

En tal sentido, el ‘fracking’ podría generar sismos inducidos de manera similar a otras fuentes de energía sísmica (extracción de hidrocarburos convencionales, pozos geotérmicos, minería, etc.). Esto es lo que dice el estado del arte de la temática (en particular, ver Richard Davies y otros: “Induced Seismicity and Hydraulic Fracturing for the Recovery of Hydrocarbons“, en la revista Marine and Petroleum Geology, junio de 2013). En este tipo de estudios se analiza por separado cada posible fuente de sismicidad y se comparan la frecuencia de los sismos, los mecanismos que operan para su generación, sus magnitudes y su ubicación geográfica. En el trabajo de Davies sólo están mencionados tres eventos de importancia en los cuales puede existir una relación entre sismos y ‘fracking’, entre 200 episodios registrados con diverso origen, desde 1929 a la fecha: cuenca Horn River (en Canadá, 2011, máxima magnitud medida 3,8 Richter, sismo menor, a menudo perceptible, pero que no ocasiona daños), Lancashire (Gran Bretaña, 2011, magnitud 2,3 Richter, sismo menor, a menudo imperceptible) y Eola Field (Oklahoma, Estados Unidos, 2011, magnitud 2,8 Richter, sismo menor, imperceptible).

Sin embargo, Svampa y Viale nos comentan que “la información científica disponible plantea la relación entre sismicidad y fracking. Por ejemplo en Arkansas, una región geológicamente estable de Estados Unidos, desde que comenzaron las operaciones de fractura hidráulica se registraron más de 1.200 temblores”. Dicho así, es el ‘fracking’ –recordemos, una técnica específica de estimulación de reservorios– la fuente de los sismos. Sin embargo, será preciso aclarar ciertos conceptos. Por ejemplo, podemos hablar en la etapa exploratoria de la existencia de un sistema tecnológico de perforación, el que está compuesto a su vez por diversos subsistemas (generación de energía, rotatorio, izaje y levantamiento de cargas, circulación de fluidos y prevención de surgencias). Un enfoque similar lo podemos utilizar a la hora de hablar de un sistema general de estimulación. Éste está compuesto por varias etapas: a) captación y transporte del fluido base (agua); b) mezcla del agua con arena y aditivos químicos; c) inyección a presión de la mezcla en el pozo para fracturar la formación de interés (la técnica del ‘fracking’); d) flujo a superficie del agua de retorno (flowback); e) tratamiento de los fluidos de desecho para su reutilización en el proceso (circuito hidráulico cerrado) o su deposición final en pozos especiales llamados “pozos sumideros”. Estos últimos son utilizados de manera sistemática en los Estados Unidos, en donde son denominados pozos clase II. Los clase I, en cambio, son pozos sumideros de desechos tóxicos. Famoso es el caso de los sismos de Rocky Mountain en la década de 1960. Era una base de la Fuerza Aérea norteamericana dedicada a la fabricación de armas químicas (gas sarín, gas mostaza, napalm). Los desechos fueron arrojados a un pozo sumidero de 3.600 metros de profundidad. Durante las operaciones allí realizadas se inyectaron 600 millones de litros de tóxicos y se estima que fueron la causa de sismos inducidos, uno de ellos de magnitud 6 Richter.

Volvamos a Arkansas. Primero, ya hay antecedentes de sismicidad inducida allí. En diciembre de 1983 hubo sismos menores en la región de El Dorado, uno de ellos con máxima magnitud de 3 grados Richter. La causa se estima estaba vinculada con la inyección de aguas de desecho. Más cercano en el tiempo, un estudio realizado por el Dr. S. Horton (Disposal of Hydrofracking-Waste Fluid by Injection into Subsurface Aquifers Triggers Earthquake Swarm in Central Arkansas with Potential for Damaging Earthquake, revista Seismological Research Letters, 2012) considera que los pozos clase II son la causa de los sismos inducidos que se han registrado en el centro norte de Arkansas. Ahora, ¿siempre un pozo sumidero ocasiona un sismo? Para el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) la respuesta es no, ya que se tienen que dar determinadas situaciones. En el caso de Arkansas, existía una zona de fallas en inmediaciones de los pozos inyectores y, además, se evaluó que las mismas presentaban ya un riesgo sísmico previo a la inyección de fluidos.

A esta altura estimamos que el lector estará desorientado porque estamos describiendo pozos sumideros y no el fracking. La respuesta es simple: la fractura hidráulica no tiene nada que ver en la generación de sismos en Arkansas. Obviamente, allí se ha incrementado la explotación de hidrocarburos no convencionales que, recordemos, es un sistema tecnológico. Sabemos ahora que no todo en este sistema es fracking; éste es sólo uno de sus elementos constitutivos. La conclusión de lo anteriormente expuesto es sencilla. Hay que actuar analizando y evaluando los riesgos sísmicos en aquellas partes del sistema más proclives a generarlos. Obviamente, por ejemplo, no analizaríamos la etapa de captación y transporte del agua (aquí sería más pertinente considerar otros factores, la calidad y disponibilidad del recurso agua, por caso). Por tanto, tendríamos que enfocar nuestros ojos a los pozos sumideros pero sin caer en tremendismos. De hecho, en la historia petrolera de Neuquén se los ha utilizado por muchísimos años y no se han registrado hasta ahora eventos mínimamente significativos.

Para terminar, una breve digresión. En un tema tan polémico como el aquí analizado hay que ser muy cuidadoso con la terminología utilizada. No todo es lo mismo. La fractura hidráulica como técnica específica no debe ser confundida con las tareas de perforación de un pozo sumidero. Si bien, el fracking puede servir para algunos como una muletilla para sembrar temores y confusiones en la población, como científicos y tecnólogos tenemos que ser muy responsables a la hora de emitir opiniones. En este sentido, vemos una constante en el pensamiento de Svampa y Viale: por querer explicar todo terminan no explicando nada. Como muestra basta un botón. Su propuesta de redefinir el término ‘contaminación’ (para incluir aquí la temática de las localidades que se convierten en pueblos-campamentos o en ciudades-commodity, la exacerbación de los problemas ligados a la prostitución, a la trata, a la inseguridad, a la adicción, etc.) es de tanta generalidad e inconsistencia metodológica que perdería toda capacidad y coherencia explicativa.

En los albores de la modernidad sir Francis Bacon alertaba de los errores y prejuicios que caracterizaban a ciertas estancadas y dogmáticas áreas del pensamiento de la antigüedad. Sistematizaba sus críticas en cuatro elementos que él denominaba ídolos: de la tribu, del mercado, de las cavernas y del teatro. De todos éstos, Bacon consideraba como el más perjudicial de todos al ídolo del mercado, ya que provenía del contacto mutuo que establecen las personas, en particular por medio del lenguaje. Su utilización continua, consideraba Bacon, creaba un auténtico reino de la confusión. Cuando los conceptos fallan, los suplen oportunamente las palabras, nos recuerda Bacon. Creemos que pasados ya siglos desde la muerte del gran pensador británico (1626) todavía quedan como ecos repiqueteando en nuestros oídos las propuestas y metodologías que, como las de Svampa y Viale, siguen abrevando aún en los viejos ídolos del mercado.

*Los autores son Vladimir Cares, Fernando López y Pablo Cares, docentes Docentes de la UNC.


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