Argentina, Expertos

Especialista destaca la riqueza de los yacimientos “no convencionales”

1 Oct , 2013
Pablo J. Pazos - Investigador del CONICET
Los Andes  

El estudio de los yacimientos “convencionales” se halla en una etapa que podría denominarse madura; es decir, las probabilidades de encontrar nuevos yacimientos convencionales de importancia es baja. Este diagnóstico lleva a analizar otras alternativas para revertir la enorme cantidad de divisas que se van en importaciones.

La Formación Vaca Muerta pasa a ser protagonista en la búsqueda de reservorios “no convencionales”. Su característica es que el gas y el petróleo que contiene están confinados dentro de la misma roca generadora, no han sido expulsados.

Eso no ha ocurrido porque ese hidrocarburo está en poros muy pequeños y poco interconectados. El hidrocarburo que estaba alojado en poros mayores ha sido expulsado y ha migrado hacia los reservorios de yacimientos “convencionales”.

Para extraer el gas atrapado en los poros es necesario generar artificialmente “vías de escape”. El método utilizado es la fractura hidráulica, que consiste en inyectar a presión agua y otras sustancias para que, primero, se abran las fracturas existentes y se generen nuevas y, luego, que esas sustancias llenen las fracturas impidiendo que las mismas se cierren.

No se puede utilizar cualquier producto ya que las temperaturas existentes en subsuelo son significativamente distintas a las de superficie y esas partículas deben tener resistencia adecuada para no deformarse cuando la fractura, al cesar la inyección, intenta cerrarse.

Al estar la Formación Vaca Muerta a más de 2.000 metros de profundidad, en la zona de interés, el agua que se encuentra alojada en la roca es salada, ya que ha tenido millones de años para cargarse de sustancias ahora disueltas. Cabe recordar que los acuíferos que habitualmente nos alimentan de agua dulce son poco profundos o extremadamente superficiales en algunos casos.

En ningún caso esas aguas profundas son las que explotamos para riego o bebida. Por otra parte, estas fracturas que también se utilizan en yacimientos convencionales se conocen desde 1940 y los primeros pozos horizontales datan de 1929, no en la Argentina, por supuesto.

Aclarando que no oscurece

Dado que todas las perforaciones, tanto para yacimientos convencionales o no convencionales, no son horizontales en el rango de profundidad de los acuíferos, los “cuidados” no son distintos de los que se debe tener en una explotación “tradicional”.

Estudios previos en EEUU (1) muestran que sobre más de 6.000 pozos analizados los problemas de filtración por mala cementación (pared del pozo) son inferiores al 4%. Pero lo que es más interesante aún es que la vinculación entre estos “fallos” con un contenido mayor de gas (metano) en los acuíferos de agua dulce no ha sido probada.

Hay temor de que las fracturas generadas en profundidad se expandan hasta la zona de acuíferos de agua dulce. Está probado que por debajo de un determinado umbral de profundidad esto es imposible.

Por suerte la “Vaca Muerta” está soterrada bien profunda (2.100-3.000 metros). Las fracturas además se diseñan para controlar su extensión y en ello se tienen en cuenta muchos factores. Algunos videos que circulan en la red no corresponden a yacimientos no convencionales del tipo Vaca Muerta y no pueden extrapolarse a este caso.

La posibilidad de generar sismos que produzcan daños es otro de los temores más frecuentes. La cuenca Neuquina, al pie de los Andes, se “sacude” constantemente aunque solo sean detectables para la población los sismos mayores.

Los estudios existentes en EEUU han mostrado que la cantidad se incrementa, pero que la magnitud (poder destructivo) se halla muy por debajo del umbral de las escalas más utilizadas y no son detectables, salvo por sismógrafos.

Desde el punto de vista estrictamente geológico, la Formación Vaca Muerta, que representa el registro de una inundación marina de hace millones de años en tiempos donde el clima cambiaba progresivamente hacia condiciones de temperatura (elevadas) mayores a las actuales, constituyó un “mar de vida” en la superficie y columna de agua, lo que produjo abundantes desechos orgánicos, microscópicos, que luego fueron preservados en cantidades inusuales y que permiten concluir que como consecuencia de tanta abundancia de vida y de excelentes condiciones de preservación la naturaleza nos ha dado una unidad geológica con características que nos permitirían autoabastecernos de gas por mucho tiempo, siendo el gas menos productor de gases invernadero que el petróleo y mucho menos que el carbón.

La transformación de, al menos, un 30% de la matriz energética llevaría décadas y debemos preguntarnos si como argentinos preferimos la importación indefinida (la que criticamos) y renunciamos a las fuentes de energía fósil o si nos alejamos de la coyuntura política y pensamos al menos a mediano plazo, lo que significa “vivir con lo nuestro” y que es mucho, ya que tenemos recursos abundantes y relativamente poca población, algo que para China, por ejemplo, ante igualdad de recursos, representa muchos menos años de energía disponible, dada la conocida cantidad de habitantes.

La alternativa a hacer las cosas bien no puede ser no hacer nada.


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