Argentina, Revista

El sabor que nace en tierras del petróleo

19 Nov , 2014
Redacción ShS  

Si el petróleo es hoy el corazón que impulsa la actividad económica y el crecimiento de Neuquén, la industria vitivinícola es su alma. Una nota de la Revista ShaleSeguro relata como en la misma localidad de Añelo, que hoy es testigo del trajín y la actividad incesante que genera el shale de Vaca Muerta, los viñedos asoman hacia el cielo y se extienden por varios kilómetros hasta San Patricio del Chañar.

Fruto del mismo suelo pedregoso y arenoso que encierra el combustible del futuro, los vinos patagónicos son refinados, de exquisita calidad y con características de sabor, color y aroma que los distinguen y les dan un rol cada vez más preponderante entre los productos de exportación que enorgullecen a los argentinos. Su excelencia ha sido reconocida con medallas de oro y plata en certámenes nacionales e internacionales.

Son vinos de colores intensos, aroma profundo y que encierran en sus taninos dulces las riquezas de un terreno con historia, hogar de fósiles de dinosaurios y bosques petrificados.

Merlot, Pinot Noir y Malbec son cepas insignia que aquí lograron su plenitud, maduradas al sol y con sabor intenso a los frutales que rodean el valle.

A menos de 100 kilómetros de Neuquén, las localidades de San Patricio del Chañar y Añelo son el epicentro productivo que concentra las mejores bodegas rodeadas de un paisaje apacible de viñedos y plantaciones frutales que, gracias al riego por goteo, son un oasis en la inmensidad del desierto patagónico.

El Valle de los ríos Negro y Neuquén reúne las condiciones óptimas para el cultivo de variedades de uva destinadas a la elaboración de productos de alta gama: amplitud térmica mayor a 20 °C, abundante agua de deshielo y suelos livianos y pedregosos.

Asimismo, la escasez de lluvias y los fuertes vientos que marcan a fuego el ser patagónico preservan las vides de las plagas, por lo que el uso de herbicidas no es necesario y los vinos de esta región resultan casi orgánicos sin necesidad de certificación. Y el sol, que en verano baña las vides 40 minutos más que en Mendoza, aporta ciclos de maduración más completos.

Considerada el cuarto corredor enoturístico del país después de Mendoza, Salta y San Juan, la Ruta provincial Nº7, situada aproximadamente en el paralelo 39º de latitud sur, a 300 metros sobre el nivel del mar, permite unir San Patricio del Chañar -región vinícola por excelencia del Neuquén- con la provincia de Río Negro y las tradicionales Bodegas del Alto Valle.

Este recorrido es el camino directo a una experiencia única de relax y placer para los sentidos. Su valor escénico de frondosos viñedos implantados en una planicie de suaves ondulaciones -antes desértica- se enriquece en el contraste con las mesetas y bardas del fondo.

Los días cálidos de sol, seguidos por noches frescas durante la época de maduración de las uvas, invitan a recorrer hasta el atardecer el hermoso paisaje y a disfrutar en la noche de las modernas y acogedoras instalaciones de la exclusiva oferta hotelera de la zona.

La gastronomía de la región, rica en carnes y frutos autóctonos de calidad, que encierran los sabores más profundo de la Patagonia, se combinan exquisitamente para el maridaje perfecto con los varietales allí cosechados.

Incluso, algunos de los establecimientos bodegueros del valle han incorporado a su plan para el disfrute, elegantes restaurantes a cargo de chefs de renombre internacional dispuestos a satisfacer a los paladares más exigentes.

Bodega del Fin del Mundo, Familia Schroeder, NQN, Secreto Patagónico y Valle Perdido son los establecimientos emblema que desde sus instalaciones modelo, equipadas con la última tecnología, llevan el vino neuquino al Mundo. Sus puertas están abiertas para visitantes ávidos de una experiencia de pleno contacto con los placeres y el buen vivir. Sus secretos mejor guardados -desde los viñedos a las barricaspueden ser recorridos en visitas guiadas por expertos, que permiten observar el proceso de producción y degustar los diferentes vinos y espumantes.

Sin dudas, la Ruta del Vino Patagónico es una visita obligada para quienes pisen suelo Neuquino. Petróleo y vinos, desierto y frutos, trabajo y placer se fusionan allí en una sintonía perfecta e invitan a una experiencia de exaltación para los sentidos que quedará guardada en la memoria y el paladar.

 


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