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Alemania, un referente de las energías renovables

11 Jul , 2017
El Periódico  

A pesar de su parálisis en la reducción de emisiones contaminantes, Berlín mantiene su papel como líder de la transición verde entre los países industrializados.

El cambio climático es “un invento de China” para debilitar la producción económica de los Estados Unidos, una “conspiración” de los progresistas para imponer impuestos a los ciudadanos y una “farsa” destapada cada vez que nieva.

Afirmaciones de tal calibre se habrían cobrado muy caras en un periodo electoral en Alemania, pero al otro lado del Atlántico no fueron suficiente para impedir que un negacionista como Donald Trump asumiese la presidencia. A principios de junio el magnate inmobiliario anunció – irónicamente desde el verde jardín de la Casa Blanca – que la potencia más contaminante de la historia abandonaba el Acuerdo de París, el mayor pacto firmado jamás para combatir el cambio climático.

El paso atrás de Trump fue otro durísimo revés para sus aliados europeos pero especialmente para Alemania, convertido en el principal emblema occidental de la transición hacia un modelo energético verde. Herida por la retirada de su aliado, Berlín se apresuró a asegurar junto a París y Roma que no se renegociaría el histórico acuerdo en aras de contentar a los EEUU. Así, una Merkel “decepcionada” con su aliado volvía a poner el pie frente a las aspiraciones de Trump de buscar pactos con nuevas condiciones en esa materia, asegurando que el acuerdo climático es “irreversible”.

UN TERCIO DE LA ENERGÍA ES LIMPIA

Tras el revés de Trump, muchos ojos se centraron en Berlín, no solo por su creciente liderazgo internacional sino por su indispensable papel como potencia europea en la llamada transición verde hacia un uso completo de energías renovables. En sintonía con los países nórdicos de tradición socialdemócrata, Alemania ha optado por incentivar la producción limpia. Así, ha conseguido que actualmente hasta el 32% de su electricidad tenga como origen la energía eólica o solar, unas cifras que doblan las de EEUU y que la sitúan como líder verde entre las grandes naciones industriales. Eso ha llevado a que en días concretos se batan récords y todo el país pueda abastecerse únicamente de fuentes limpias.

Alemania no se ha escondido y, frente a las peticiones científicas de rebajar las emisiones de carbono, se ha marcado objetivos muy estrictos que establecen un recorte del 40% para el 2020 en comparación con el nivel de 1990 y de hasta un 80% para el 2050.

Aún así, hay muchas sombras. La falta de reducción de esos gases desde el 2009 hace que ese objetivo pueda no alcanzarse. Alemania, el único país de la UE que está entre las diez potencias más contaminantes del planeta, sigue explotando fuentes altamente tóxicas como el carbón y presenta “una de las peores evoluciones en emisiones de la UE en los últimos cinco años”, según denuncia estudio Climate Change Performance Index.

“Las emisiones de carbono han crecido porque la cancillera Angela Merkel no ha tenido la voluntad de decir no a las empresas de combustibles fósiles, que siguen extrayendo y exportando el lignito, el más contaminante de los carbones”, lamenta la periodista y activista Naomi Klein, autora del libro ‘Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima’. Merkel ha sido incapaz de multar a las poderosas compañías automovilísticas, pilar de su economía exportadora, por el escándalo de sus manipulaciones medioambientales.

CONCIENCIA Y PODER CIUDADANO

Esa concienciación política es inherente a una fuerte presión ciudadana que, según Klein, se traduce en el movimiento ambientalista más fuerte del mundo. Así, un 93% de los alemanes es partidario de la adhesión al Acuerdo de París, un 82% asegura estar dispuesto a pagar más por productos ecológicos y un 73% a hacer lo mismo por una electricidad que tenga un origen sostenible. Consciente de ello, la revolución verde alemana ha empoderado a los ciudadanos, promoviendo la descentralización de la producción de energías limpias para que florezcan más de 900 cooperativas públicas locales – que representan la mitad de las renovables del país – que reinviertan el dinero obtenido en combatir problemas de a pie como la desigualdad.

La insistencia de los partidos de la oposición y la fuerza ciudadana llevaron a un curioso caso al conseguir que, tras el accidente del 2011 en la central nuclear de Fukushima, en Japón, Merkel robase estratégicamente la principal reclamación de los verdes al anunciar el cierre de todas las plantas nucleares del país para el 2022. La fuerza de las calles – y el pragmatismo estratégico de la líder alemana – consiguieron que una política conservadora liderara el cambio verde comiéndose el territorio político de su oposición.

Alemania está asumiendo el liderazgo industrializado hacia un modelo más sostenible para el planeta pero aún queda mucho trabajo y muy poco tiempo. Por eso, la polémica retirada de Trump del Acuerdo de París ha dejado a la potencia económica europea con un regusto de frustración en los labios que el tabloide ‘Berliner Kurier’ recogió sin ambages: “La Tierra a Trump: Que te jodan”.

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